miércoles, 24 de marzo de 2010

ENSAYO CRÍTICO SOBRE LA PERSUASIÓN EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN MASIVA

En nuestros actuales días resulta ineluctable que los medios masivos de comunicación no ejerzan influencia alguna, de forma voluntaria o involuntaria –esta última con menor probabilidad de suceso- sobre los aspectos sociales, políticos, educativos, éticos, psicológicos, familiares y todos aquellos que conforman un radio de interacción inherentes en el ciclo vital de todo ente humano. La influencia, con carácter voluntario más que involuntario, es el cometido principal de todo medio dedicado a la comunicación (radio, prensa, televisión, cine, etc.), pues del éxito, la consecución y solidez de tal cometido ha dependido la existencia y permanencia de cada uno de esos erróneamente llamados medios de comunicación.

Durante el transcurso de los siglos cada una de estas instituciones ha manifestado su aparición en las múltiples sociedades de nuestro planeta concomitante con el firme compromiso de comunicar –entendiendo esta elocución como el acto de transmitir mensajes. Ambos hechos son innegables y no susceptibles de someterse a discusión por dos situaciones: las obvias evidencias que su actividad informativa reporta y la operatividad externa de cada una de esas instituciones dedicadas a la comunicación de masas. Sin embargo, el compromiso de comunicar dentro de las instituciones dedicadas a tal actividad, en momento ninguno y a través del acontecer de la historia, ha estado regido por una autoridad competente que determine mediante las facultades que por ende enviste toda autoridad, cuando se lleva a cabo tal actividad y en que momento se cae en las celadas de la demagogia. Es decir, no se cuenta con la existencia de criterios definidos para filtrar y ponderar la calidad informativa. Criterios con los cuales sea factible detectar la manipulación, distorsión y tergiversación de los mensajes que cada medio trasmite. Objetividad, compromiso, veracidad y transparencia han sido, siguen y seguirán siendo meras utopías dentro del ámbito periodístico, televisivo y radiofónico.

Lo anterior postula actos de vicio, ambigüedad y corrupción dentro de la logística y la estructura interna los medios dedicados a la comunicación. Lazarsfeld, Paul[1] realiza una serie de apreciaciones con respecto a los efectos que los medios de comunicación suscitan dentro todas las sociedades establecidas, apreciaciones que son presentadas a continuación a título de puntos numerados:

“1. Representan un nuevo tipo de control social que viene a sustituir sutilmente el control social brutal que antes se ejercía y que la sociedad moderna ya no tolera.

2. Son los causantes del conformismo de las masas.

3. Deterioran el nivel de la cultura popular, alimentando gustos vulgares.[2]

Los puntos anteriores proponen que los medios de comunicación efectivamente causan mella en ciertos ámbitos donde el ser humano se desarrolla ejerciendo libertad de acción. El descomunal grado de influencia que los medios alcanzan es tal, que los seres humanos –haciendo énfasis sobre todo en las poblaciones urbanas infantiles y juveniles con estatus estudiantil- se circunscriben a las pautas o modelos que son ofrecidas bajo la idea de estilos de vida, modas y tendencias. Dicha población resulta el blanco perfecto para que los medios alcancen sus objetivos y garanticen de esta forma su éxito y prevalencia dentro de las sociedades actuales.

El supuesto compromiso que ofrecen todas las instituciones dedicadas a la comunicación, en relación a la objetividad y transparencia con la actividad informativa, es totalmente arbitrario y vago. Para los medios de comunicación la noticia y la actividad informativa, representa un campo lucrativo con extensas proporciones que difícilmente dejarán de trabajar. Como lo establece D., Hund, Wolf, “en una sociedad como la mexicana, donde el consumo ha adquirido un alto grado de desarrollo, donde todo se ha mercantilizado, la noticia no esta fuera de este proceso, sino que se transforma en mercancía, de acuerdo con el interés del productor del mensaje para alcanzar un máximo de público, y no de acuerdo con el valor del uso del mensaje”. [3]

Las sociedades para agrado de unos y desagrado de otros siempre se han clasificado o dividido. La clase alta tiene a su servicio a los medios de comunicación, desde el momento en que puede financiar los altos costos que el uso de espacios en aquellos representa. Como señala Wolf nuevamente, “el beneficio trasciende el interés económico, es decir, su capacidad para satisfacer necesidades; esta mercancía especial, que es el mensaje, lleva inherentes claras manifestaciones de enajenación destinadas al público consumidor, de parte de la clase dominante, tanto de los poseedores de los medios de producción como de las personas o grupos políticos que usan sus mensajes para su beneficio. Los medios masivos que tratan la noticia como mercancía no pretenden el aumento del conocimiento de sus lectores, sino tener la mayor influencia posible sobre su comportamiento”. [4]

Con lo anterior queda muy a las claras que la clase nominada por el autor como “dominante”, no se limita al control del contenido sobre las noticias, sino que adquiere mayor importancia en la manipulación de los medios, donde la intervención consciente por parte de los medios dedicados a la comunicación constituye un acto político. Las clases altas de acuerdo con su capacidad económica utilizan los medios masivos de comunicación para conservar su dominancia sobre la clase baja, efectuando una manipulación sobre la conciencia de ésta.

La función de los medios lejos de coadyuvar a la formación de sociedades con mayor nivel de desarrollo intelectual, educativo, comunitario, económico, etc. Dirigen sus recursos en alto porcentaje a la segregación y enajenación de aquellas, a través de programas atiborrados de mensajes subliminales; escenas cargadas de violencia y conductas agresivas; infracción a los valores más fundamentales en los individuos; transgresión a las tradiciones y costumbres de diferentes culturas, etc. Los medios masivos de verdad realizan una modificación considerable en la conducta de las personas, merced a esto existen en la actualidad graves fenómenos sociales cuyo fondo alberga tintes netamente políticos.

Magnus Hans describe a los medios de comunicación como “la industria de la manipulación de la conciencia”, menciona que el objetivo central de tal industria, tal como se da en las sociedades existentes, es la explotación inmaterial. Ésta consiste en imponer ciertas formas de pensar que eliminen la conciencia de ser explotado y las facultades y alternativas políticas de los individuos, para que la mayoría acepte voluntariamente la situación establecida. [5] Tales son los alcances de los medios, que tienen la capacidad no sólo de influir en la forma de pensar y por ende de actuar en los seres humanos, sino que, de forma aleatoria, cometen una alienación directa en contra de la integridad personal de cada individuo.

Finalmente, los medios de comunicación traen consigo muchos aspectos negativos y realmente muy pocos con signo positivo. Los sistemas gubernamentales han formado una alianza con dichos medios, estableciendo una especie de control sobre lo que se debe dar conocer y sobre aquello que solo puede ser conocido por unos cuantos. Como señala Octavio Paz “la radio y la televisión están en manos de dos o tres familias más interesadas en ganar dinero anestesiando al público con sus programas que en analizar con honradez y objetividad los problemas del país”.[6] La existencia de las instituciones con giro informativo, representa un cáncer latente para toda sociedad establecida, pues merma el buen funcionamiento de ésta. Los conflictos socio-políticos resultado de pugnas entre grupos con diferente ideología, son llevados a su máximo tono y consecuencias por medio de la inoportuna intervención de los medios, generando una multiplicidad de realidades y por ende una serie de discrepancias que ponen freno a la actitud gregaria que debería existir de forma inherente en toda civilización.

El papel de los medios de comunicación como emisores únicos es determinante en la conducta ejercida por la población general, quien por carecer de los recursos económicos y financieros queda circunscrita sólo al papel de receptor y eficiente ejecutor de las instrucciones propiciadas por los medios de comunicación a título de mensajes. La persuasión es el aspecto medular de todos los medios de comunicación, un medio de comunicación que no tenga implícito dentro de su objetivo principal la modificación de la conducta utilizando la persuasión, bien podría considerarse fuera de tal categoría.

A título de corolario, los medios de comunicación tienen como único fin influir directamente en el comportamiento de todo ser humano, tales han sido los alcances logrados por dichos medios que actualmente gran parte de la conducta social se debe a las expectativas y patrones de comportamiento que aquellos han llegado a establecer como normas socialmente acepadas.


[1] Lazardsfeld, Paul es un sociólogo investigador considerado como uno de los pioneros del método funcionalista, cuyos estudios de los medios de masas y sus efectos sobre el público aportan los elementos básicos de donde parten todos los estudios funcionalistas posteriores.

[2] Cfr. Toussaint, Florence. (2008). “Crítica de la información de masas”. Capítulo II, Funcionalismo y comunicación. México, D.F. editorial Trillas, 4ª edición. (p. 15-16).

[3] Cfr. Toussaint, Florence. (2008). “Crítica de la información de masas”. Capítulo III, Corriente crítica y comunicación. México, D.F. Editorial, Trillas, 4ª edición. (p. 77).

[4] Ibídem, (p. 77).

[5] Magnus, Hans., investigador perteneciente a la escuela de Frankfurt.

Ibídem, (p. 84).

[6] Paz, Octavio. (1994) “El laberinto de la soledad”. El desarrollo y otros espejismos. México, D.F. Editorial, Fondo de Cultura Económica. 3ª edición, (p. 260).

Eliuthbardo Gaddiel Luján Martínez

2 comentarios:

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  2. Me agrada la forma en que abordaste el tema acerca de los medios de comunicación ya que tomaste en cuenta la opinión de algunos autores haciendo de esta manera más clara tu explicación...

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